NO MÁS ESTRÉS AL CIERRE DE CICLO ESCOLAR
No podía creerlo, pero después de leer algunos comunicados de prensa, platicado con algunos implicados en el asunto desde muchos años y la consulta del acuerdo 696 emitido por la Secretaría de Educación Pública (SEP) al inicio del presente ciclo escolar, me convencí de que estamos presenciando el despegue (¡al fin!) de nuestro sector educativo.
Menciono lo anterior porque hasta hace algunos años, los finales de ciclo lectivo eran un verdadero trauma para los malvados profesores que debían evaluar y justificar los números asignados a sus alumnos. Antes de entregar sus calificaciones finales, para lograr su cometido tenían que superar una serie de obstáculos no siempre agradables. De lo anterior, comento sólo algunos:
- Convencer a los papás de que la calificación obtenida por sus alumnos era justa. con el riesgo de sufrir algún ataque por parte de ambas partes (alumno y papá)
- Entregar las listas de calificaciones con todas "las evidencias" de los avances o retrocesos logrados. en este punto tenemos un menú de opciones tan vasto que no acabaríamos, solamente recordaré algunas de ellas: la lista de tareas no realizadas, el cuaderno del alumno con todos los recados y mensajes ofensivos (pues causan "daño psicológico" al adolescente) que pueden decir desde la clásica: "no hizo tarea", hasta el "no cumplió con la actividad", "no corrigió su escrito", "no expuso en clase", "no trabajó con su equipo", así hasta el infinito... Mensajes que, por cierto, regularmente no están firmados por los papitos.
- Convencer a la Dirección del plantel de que un joven no puede ser promovido pues no trabajó en todo el año y no puede asignarle "un trabajo extra" para que apruebe el año al cuarto para las dos
- Hacer caso de las reconvenciones y recriminaciones de las autoridades (llámese director, supervisor de zona o jefe de sector) para "no meterse en problemas con un alumno reprobado".
Pues bien, esto que mencioné grosso modo, ya no será necesario. La SEP encontró el mejor procedimiento para que los profesores ya no tengan que preocuparse. Las autoridades educativas del país (digo, deben saber de lo que hablan) han decretado que" ningún alumno debe reprobar". Cómo van a hacerlo si ya se estableció una serie de "instrumentos de evaluación" que solucionan entuertos. ¿Perdón? ¿Que cuál es ese procedimiento? Enseguida les cuento:
- Se inventó el examen de recuperación. Este se aplicará cuando el alumno corra riesgo de reprobar. Se presenta después del tercer bimestre y es para que apruebe cada período en que falló.
- Si hasta el cuarto bimestre el alumno tiene promedio de cinco, tiene la opción de presentar un "examen final". la calificación que obtenga en esta prueba sustituirá los números obtenidos anteriormente.
- Para poder presentar el examen de recuperación tendrá que elaborar una guía de estudio. Lo cual le valdrá, invariablemente, para aprobar con un maravilloso seis. Claro, probablemente obtenga dos en la prueba escrita, pero como las autoridades dicen que la mínima es 5 y el trabajo extra es un punto, al final la sumatoria es: ¡un bendito 6!
Si alguien está en contra o se muestra escéptico con respecto a la viabilidad de tales medidas, es porque representa lo peor de la sociedad y no acepta que lo importante en el sector educativo desde hace cuatro sexenios son los números. Es decir, debemos poner nuestra atención en el número de egresados de las escuelas (lo cuantitativo) sobre los conocimientos, habilidades y destrezas que han desarrollado en esos años escolares (lo cualitativo). ¿Quién en su sano juicio preferiría que su hijo recurse el año, si mediante estos malabares puede avanzar en el sistema?
Tal vez, lo afirmado en este documento sea una exageración por parte de un servidor. Lamentablemente, la división internacional del trabajo nos coloca en desventaja frente a las naciones más industrializadas cuya sociedad está satisfecha con las mejores opciones de empleo con las que cuentan.
Finalmente, quizá lo mencionado no sea tan importante en estos momentos. Quizá algunos consideren que nos tomamos la molestia de señalar o mencionar problemas que no existen. No obstante, estoy seguro que en unos años nuestra planta laboral será engrosada (si no es que ya lo está) por una masa analfabeta funcional que servirá, como siempre, de mano de obra barata para acrecentar las ganancias de nuestros patriotas empresarios ávidos de dar empleo a los mexicanos.
Si alguien piensa que el pasado siempre fue mejor, le doy la razón en esta encrucijada educativa. Lamentablemente, las reformas sólo han contribuido a eliminar todos los avances logrados en la etapa post-revolucionaria por una serie de hombres preocupados por sacar al país de la pobreza y que afirmaron que una de las funciones de la escuela es contribuir a la movilidad social. De esos hombres que encabezaron, en algún momento, los grandes proyectos de la SEP quedan sólo las descalificaciones de una generación de políticos-tecnócratas que se piensan sabedores de todo y, que en la realidad, no son expertos en nada.
Al tiempo...

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